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viernes, 29 de julio de 2011

Tenedor Libre

Soy el repartidor de volantes de la calle Corrientes.
Volanteo restoranes vegetarianos.
Tenedor Libre. Tenedor Libre. Tenedor Libre.

Mi tenedor es libre de pinchar las colitas
de la gente que camina por corrientes.
Mi tenedor está preso en el recuerdo
de las fotos del ajuar en el que estaba
el juego de cubiertos de mi bisabuela.

Soy el repartidor de volantes de la calle Corrientes.
Pero no tengo personería en el folclore.
No estoy en el tango. No estoy en el tango. No estoy en el tango.
Creo. O capaz que estoy. Pero me parece que no porque yo no me vi.

Soy el repartidor de volantes de la calle Corrientes.
Y conozco sólamente dos clases de gente.
Unos son los que me esquivan al pasar.
Los otros son los que agarran el volante
y lo tiran tres metros más adelante.

Señora. Restorán vegetariano. Comida Natural.
Canilla libre de apio. Señor sirvase.
No. No me lo tires al lado que si no,
no me lo cuentan como lo entregue.
Joven, tenga, es acá a la vuelta.
No, no tengo comisión.
A mi me pagan por entregar los volantes.
Tomá. Si no te gusta, te lo meto en el bolsillo.
Señorita, ¿No quiere comer puerros, acocil, bacalao?
No, no es un vegetal, pero igual te hace bien
porque tiene fósforo. No. Fuego no tengo.
Pará. ¿Que hacés? No me quemes los volantes.
¡Auxilio! ¡Bomberos! ¡Agua!
Sí, o también jugo de manzana, puede ser.
Sí, café también porque es vegetal.
Y fumar también deja
porque el papel es vegetal,
y el tabaco también.
Señora ¿como le va? Sírvase.
Tengo que repartir 45 mil volantes antes de las 2 de la tarde,
así me dejan comer en el restorán vegetariano.
Pero espero que cuando yo llegue, no se hayan comido todo.
Sinó, me tengo que comer los volantes que me sobran.
Un día me pasó eso y entonces después que me comí los volantes,
empecé a volar y a volar y a volar por encima de Buenos Aires,
y las corrientes me llevaron a Uruguay, a Paraná,
a Montevideo, a Rodriguez Peña, a Callao.

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