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jueves, 4 de agosto de 2011

Depresión

Un amigo me dijo el otro día que estaba deprimido, y que además le dolía la cabeza y tenía fiebre. Yo le contesté: –Ah, no te preocupes. Hacé esto, mirá: metete en la cama, tomate un té caliente, ponete un disco de Patricia Sosa, después uno de Horacio Guarany. Después mirate una película de Francella; cuando termine la sacás y ponés una de Wim Wenders. Mirá un poco televisión, como Utilísima, o Gente de Familia. Después te levantás, te hacés un café descafeinado, te preparás un par de hamburguesas magras con mayonesa de bajas calorías, y mientras te gratificás un poco con eso prendé la radio y tratá de sintonizar una emisora que esté pasando el programa de alguna secta evangelista. Después te leés un libro de Leo Buscaglia, dos de José Naroski, diez de Khalil Gibrán, tres de Lobsang Rampa y cuatro de Richard Bach. Ahí te pegás un baño con jabón de glicerina, te lavás bien la cabeza usando champú de tilo para cabellos secos y te la enjuagás con algún desenredante de algas especial para cabellos castigados. Después te secás bien, te pasás desodorante a bolilla o algún aerosol que no dañe tu capa de ozono. Entonces te volvés a acostar y si no podés dormir te sentás en posición de semiloto y te leés el Método Silva de Control Mental, tratando de que tu mente funcione en ritmo alfa y usando solamente el hemisferio derecho del cerebro. Ahí, si te sale algo, dibujá, dibujá sin temor lo primero que se te ocurra, sin pensar. Entonces mirá bien lo que dibujaste y usalo para disparar asociaciones, como si fuera un test de Rorschach. Anotá todo y buscá en la guía telefónica el número de algún lacaniano que haya seguido también un cursillo de sicología social. Lo llamás y le decís que vos eras un alfeñique de 44 quilos pero que después de seguir el método Tensión Dinámica de Charles Atlas estás pesando 140. Ahí colgás el tubo y hacés una pausa para tomar un yogur semidescremado de damasco con cereal. Entonces te sentás en la compu, te jugás unos tetris hasta llegar a más de diez mil puntos, y ahí cargás un procesador de texto, preferentemente el WordPerfect 6.0 para Windows. Entonces escribís en la pantalla una nota suicida porque te puedo asegurar, viejo, que después de todo eso no podés esperar nada más de la vida.

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